Familia de “rana” o familia “cristiana”

Humor #2
noviembre 12, 2016
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Familia de “rana” o familia “cristiana”

Artículo publicado en el último número de “Proyecto Libertad”. Mayo-Agosto de 2016

Las ranas siempre me han parecido seres muy curiosos. Cuando era niño me apasionaba ir a las charcas y observar los renacuajos en sus diferentes grados de desarrollo. Tuve suerte de criarme en un pueblo…. Era como un milagro contemplar su metamorfosis, como su fueran “aliens” de otra galaxia. Incluso en algún momento, armándome de valor, sugerí a mi madre llevar a casa alguno de estos seres extraordinarios para estudiarlo de cerca… sin embargo fue evidente que ella no compartió nunca mi admiración por ellos pues en su nomenclatura particular nunca pasaron de la categoría de “bichos”…. No era negociable bajo ningún aspecto que un batracio viscoso pasara a aumentar el número de los miembros de la familia, ni “rana Gustava ni nada”.

Pero, a lo que iba, lo de las ranas sale a colación a raíz de un extraordinario documental que trataba sobre una especie en concreto. En Alaska existe una rana que, cuando llega el frío, se deja congelar literalmente. Es como si estuviera muerta. Sin aparentes constantes vitales. Dura como una piedra entre el hielo que la rodea… Impresionante. Como si fuera un fósil. Y así pasa la mayor parte del año pues de todos es sabido que Alaska no es el Caribe. Alguno pensará que esa propiedad no es algo exclusivo de las ranas y que sabe de algún conocido que comparte esas propiedades… pero eso es otro cantar que daría para otro artículo…

Nuestra rana en cuestión “vuelve a la vida” sólo durante un par de meses al año, en el verano, cuando la temperatura es más soportable. Es entonces cuando se entregan a una verdadera orgía sexual pues disponen de muy poco tiempo para perpetuar la especie; y se arraciman unas sobre otras intercambiando su semilla con frenesí y sin demasiados ascos de con quién lo hacen. Estoy seguro que ni siquiera saben que lo que hacen es para perpetuar la especie, ni reflexionan sobre el sentido de esa actividad frenética. Tan solo se dejan llevar por el instinto, y punto… Hacen lo que el cuerpo les pide y ya está…

No sé por qué, pero cuando hace unas semanas oí a la señora diputada de las CUP, doña Ana Gabriel, hablar de maternidad en tribu vino a mi mente el tema de las ranas. Tendré que buscar un psicoanalista para revisar mi subconsciente… Dada la realidad en que se ha convertido este país donde cada cual la dice más gorda y no pasa nada, la verdad es que no me sorprendí en exceso. Ahora el progreso y ser moderno consiste en retrotraernos al modelo tribal de los Neanderthales o Austrolopitecus, con paternidades y maternidades compartidas, sin parejas estables, sin que nadie sepa de quién es biológicamente hablando y sin hacer ascos, por tanto, al incesto… Para ser libre hay que dinamitar las normas morales.

Eso es lo progre: ir contra el orden natural, no saber dónde está la frontera entre el bien y el mal, entre lo que construye y dignifica a la persona humana y lo que la degrada… Pero hasta aquí, nada en especial que llame la atención en esta España de pandereta y feria de nuestros días… Ni siquiera daría pie a escribir un artículo sobre ello. Tan acostumbrados estamos a las majaderías.

Sin embargo, lo que sí hizo saltar mis alarmas fue lo que la excelsa diputada en cuestión dijo acerca de la familia de toda la vida. Sí, aquella que consta de un padre, una madre y los hijos… y tal vez algún abuelo. Sí, aquella que ha salvado y sigue salvando de la miseria extrema a miles de españoles víctimas de la crisis. Sí, aquella con la que queremos reunirnos para la cena de Nochebuena o para ir de vacaciones… La señora Ana Gabriel puso ya en su punto de mira a la familia tradicional y la etiquetó como cuando los nazis etiquetaban a los judíos con una estrella amarilla: es un modelo de familia conservador que da lugar a personas conservadoras…

Es curioso cómo estos grupúsculos antisistema y de la extrema izquierda se presentan como adalides y defensores en monopolio de los derechos humanos, y luego son los primeros en “marcar” a quienes quieren escapan de sus directrices y de su pensamiento único y rudimentario. Con razón los maoístas, estalinistas, jemeres rojos, norcoreanos y demás zombies de la historia lo primero que hacen en sus cruentas revoluciones es liquidar de raíz cualquier indicio de cultura ilustrada: los primeros en caer siempre son los clérigos y los maestros.

Hace unos días tuve la ocasión de ver una película maravillosa: “Los milagros del cielo”. Reconozco que fui a verla por la insistencia de mis padres. Ellos querían verla aprovechando su paso por Barcelona y necesitaban de alguien que les llevara al cine. Servidor, que pertenece a una familia conservadora, que respeta a sus padres biológicos y les agradece lo que han hecho por él, lo hizo encantado. Ingenuo de mí pensé que la película en cuestión sería un “bodrio”, pues los críticos de cine más rimbombantes la calificaban de infumable… Pero qué hijo conservador no hace este pequeño sacrificio por su familia conservadora.

Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien en el cine. La película, basada en un hecho real, me encantó. El argumento giraba en torno a una niña sana y feliz que de buenas a primeras padece una grave enfermedad para la que no hay remedio y que la iba a conducir inexorablemente a la muerte. Sin entrar en detalles (recomiendo la película; no se la voy a reventar enunciando el desenlace) la película estaba bien realizada, los actores eran creíbles, su interpretación buena, la película entretenida, con buen ritmo y transmisora de buenos valores: el valor de la familia, de la unidad, el sacrificio desinteresado, la fe, la oración, el amor, lasolidaridad…. De inmediato entendí la razón por la que la crítica progre de nuestro país consideró la película como infantil y nefanda: el filme defendía la familia “conservadora” y sus valores y, claro, eso es ir contra el “pensamiento único” y sus eslóganes: anarquía, libertinaje, individualismo, egoísmo, egocentrismo, exacerbación de los instintos, materialismo, amoralidad,

Estamos construyendo casi sin darnos cuenta una sociedad suicida, donde lo bueno, lo limpio y lo hermoso es atacado sin contemplaciones. De ahí que la familia tradicional sea un enemigo a batir. Se habla de nuevos modelos de familia, se manipula el lenguaje sustituyendo a los padres por “progenitores” en documentos oficiales, se hace del aborto una causa defendible (dentro de no mucho volverá el tema del derecho al suicidio), se obvian los derechos de terceros mientras se nos llena la boca de los derechos de las “minorías” (los niños que sufren esta imposición arbitraria sin poder decir ni mú),… ¿Hacia dónde se quiere llegar?… Exactamente no lo sé, pero intuyo que a nada bueno. Cada vez me resulta más ajena y extraña esta sociedad en la que estamos, muy diferente de aquella en la que me crié y mucho más pesimista y enferma.

Si me dan a elegir entre los valores que reflejan películas y series como “La gran familia”, “La familia y uno más”, “Con 8 basta”, “La casa de la pradera” y demás… comparándolos con los de series como “Los Serrano”, “Cuéntame”, “Al salir de clase”, “Física y química” (repito, hablamos de valores)… elijo sin dudar los primeros. El cine y la TV es reflejo de lo que es la sociedad. Que cada cual saque sus conclusiones. En las series de antes reías, disfrutabas y aprendías; en las de ahora te sumerges en un mar de problemas cada vez más caóticos que pretenden hacer pasar por normales experiencias humanas cada vez más extremas. Así es nuestra sociedad. Algunos dirán que se me ha parado el reloj o que soy un posfranquista….

Yo más bien digo como Mafalda en una tira cómica: “que se pare este mundo, que me bajo”. A quienes se les ha parado el reloj como a las ranas de Alaska en invierno son los que nos quieren vender como progresistas y modernos esos antivalores de las CUP que ya han quedado superados por fracasados y que son más antiguos que la porra de madera, más propios de la caverna que de la cultura. Entre el modelo batracio de familia y el cristiano no hay comparación posible. Que cada cual, en función de lo que siente que es, escoja.

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