Evangelio
marzo 3, 2018
Historias para pensar 3
marzo 3, 2018
Mostrar todo

Homilia

  1. Cuando vas por primera vez a Tierra Santa, hay una visita obligada al museo de Jerusalén donde te muestran una maqueta de la ciudad en tiempos de Jesús. Entonces te das cuenta de lo que significaba el Templo de Jerusalén, y lo impactante que debía de ser para los peregrinos atisbar ya desde lejos la silueta de los muros de aquel edificio santo. Solo si tenemos una imagen en nuestra imaginación de ese majestuoso “edificio, podemos entender el evangelio de hoy.
    A lo largo de todo el Antiguo Testamento, el Templo fue el símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. El Templo de Salomón se convirtió en la casa de Yahvé tras su peregrinación por el desierto. Se conservó intacto durante 400 años, hasta la invasión de los babilonios que, al mando de Nabucodonosor, exiliaron a los judíos y destruyeron el Templo. Reconstruido cuando los judíos retornaron al país, el Segundo Templo fue solo una sombra del esplendor del primero. El Templo, tal como Jesús lo conoció, constaba de un gran patio rodeado de suntuosos pórticos de 13, 5 metros de anchura sostenidos por columnas de mármol blanco de 11 metros de altura, de una sola pieza, y techo de madera de cedro.“Dentro del gran patio exterior, llamado Patio de los Gentiles, estaban los tres patios interiores, de dimensiones mucho más reducidas, en el siguiente orden de cercanía al santuario: patio de las mujeres, patio de Israel o de los hombres y el patio de los sacerdotes en torno al Santuario. La distribución del conjunto estaba en consonancia con la idea de santidad y lejanía de Dios del Antiguo Testamento, presente de alguna manera en el Santo de los Santos. El único que tenía acceso a este lugar era el sumo sacerdote, pero solo una vez al año y después de una larga purificación con ayunos y oraciones. Lo hacía el día del Perdón, la fecha más santa del judaísmo. A partir de ese concepto de santidad ritual se establecía un orden de mayor a menor pureza hasta terminar en los gentiles, quienes por carecer de pureza. “legal no podían pasar del primero de los patios. Se habían utilizado los mejores materiales para su construcción, sus dimensiones eran desproporcionadamente grandes, los adornos, abundantes; y de todo ese coloso dice Jesús que lo destruyan, que Él lo levantará en tres días. Ellos se habían quedado en lo externo, olvidándose de que todo aquello les hablaba de un Dios cercano y que en ese instante podían ver con sus propios ojos, pero eran incapaces de reconocer a Jesús. Dios no está lejos, no vive ajeno a nuestras cosas: abramos también nosotros nuestros ojos para verle cerca, para no dudar de su presencia y cuidado en cada momento.

 

  1. Y un buen día, nos narra el evangelio de hoy, Jesús acude al Templo como sería su costumbre cuando se encontraba en la Ciudad Santa. Y al entrar quedó pr“fundamente impactado, algo punzó su Corazón, pendiente siempre de la gloria de Dios. Un gentío enorme, la compra y la venta de animales para el sacrificio (si los peregrinos venían de lejos, no iban a traer el animal muerto a cuestas desde el punto de origen), ruido, monedas, etc. Pensad en la cara que se les quedó a los apóstoles cuando vieron la cara de indignación de Jesús y acto seguido –no les dio tiempo a reaccionar– se quitó la cerda con la que se ceñía la túnica y, «haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: “quitad esto de aquí”». Posiblemente nunca habían visto a Jesús tan enfadado, y nosotros tampoco. A veces hay que enfadarse, y otras muchas nos enfadamos sin motivo. “Cuando está en juego la gloria de Dios, el nombre de la Iglesia o la buena fama de las personas, no hay que ceder ante los respetos humanos, antes bien hay que salir en su defensa. Pocas veces nos acusamos en la confesión de pecados de omisión en relación con nuestros silencios cómplices ante una blasfemia, una crítica a nuestra Madre la Iglesia o a alguno de sus miembros. Es cierto que muchas veces, cuando son muchos, es mejor callar y desagraviar interiormente y corregir o hacer algún comentario luego en privado; pero alguna vez también conviene parar los pies y dar la cara por el buen nombre de la Iglesia y manifestar nuestra condición de católicos.

 

  1. Pero además el evangelio de hoy nos alerta de un peligro que puede estar cobrando cierta fuerza en nuestros días: la pérdida de la conciencia de lo sagrado. El modo de vestir, la proliferación del uso del“móvil, las continuas conversaciones en la iglesia ponen de manifiesto que mucha gene ha perdido de vista cómo debe comportarse en un lugar sagrado. No se trata de volver a fórmulas pasadas, pero sí de saber dónde entro, quién me espera y sacar las debidas consecuencias. «El templo es un lugar donde la comunidad va a rezar, a alabar al Señor, a darle gracias, pero sobre todo a adorar: en el templo se adora al Señor. Y este es el punto importante. También, esto es válido para las ceremonias litúrgicas, ¿qué es más importante? Lo más importante es la adoración: toda la comunidad reunida mira al altar donde se celebra el sacrificio y adora. Pero, yo creo –humildemente lo digo– que nosotros cristianos quizá hemos perdido un poco el sentido de la adoración y pensamos: vamos al templo, nos reunimos como hermanos –¡es bueno, es bonito!– pero el “centro está donde está Dios. Y nosotros adoramos a Dios. ¿Nuestros templos son lugares de adoración, favorecen la adoración? ¿Nuestras celebraciones favorecen la adoración?».

Revisemos de vez en cuando cómo nos comportamos en la iglesia, cómo nos sentamos, si guardamos el debido silencio, si con nuestro modo de estar invitamos también a los demás a recogerse ante Dios. «Hay una urbanidad de la piedad. –Apréndela. –Dan pena esos hombres “piadosos”, que no saben asistir a Misa –aunque la oigan a diario–, ni santiguarse –hacen unos raros garabatos, llenos de precipitación–, ni hincar la rodilla ante el Sagrario –sus genuflexiones ridículas parecen una burla–, ni inclinar reverentemente la cabeza ante una imagen de la Señora».¡Que no te dé vergüenza ser piadoso ni expresar el amor a tu Dios!.

Deja un comentario