Santoral 6 – 12 de Noviembre
noviembre 6, 2017
DIA DE L’ESGLÉSIA DIOCESANA 2017
noviembre 12, 2017
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DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA 2017

DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA 2017
«Somos una gran familia contigo»

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A – 12 de noviembre de 2017

Subsidio Litúrgico

MONICIÓN DE ENTRADA
En este XXXII Domingo del Tiempo Ordinario celebramos el «Día de la Iglesia Diocesana» con
el lema «Somos una gran familia contigo». Como nos enseña el Papa Francisco: «El proyecto de Dios
sobre la humanidad… Es hacer de todos nosotros una única familia de sus hijos, en la que cada uno le
sienta cercano y se sienta amado por Él… sienta el calor de ser familia de Dios. En este gran proyecto
encuentra su raíz la Iglesia… La Iglesia nace del deseo de Dios de llamar a todos los hombres a la
comunión con Él, a su amistad, es más, a participar como sus hijos en su propia vida divina… Dios
nos convoca, nos impulsa a salir del individualismo, de la tendencia a encerrarse en uno mismo, y nos
llama a formar parte de su familia» (Cf. Audiencia General, 29 de mayo de 2013).
En esta Jornada somos invitados a fortalecer nuestra conciencia de pertenencia a nuestra Iglesia
particular. Gracias a ella podemos vivir nuestra vida cristiana alentados, acompañados y arropados por
una auténtica comunidad de hermanos. Pero hemos de vivir también nuestra pertenencia a la Iglesia
con responsabilidad. Somos la familia de los hijos de Dios y como familia todos somos
corresponsables de su labor y de su sostenimiento: a través del anuncio ilusionado y entusiasta de
Jesucristo a nuestros hermanos con obras y palabras y aportando lo que tenemos: cualidades, tiempo
o dinero. Demos gracias a Dios, que nos ha introducido en la familia eclesial, por sus obispos,
sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y fieles.

MEMORIA DEL BAUTISMO
Es oportuno realizar en este domingo, que celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, el rito de bendición y aspersión con
el agua, que constituye la memoria viva del sacramento del Bautismo, puerta de entrada en la Iglesia. El rito se lleva a cabo
después del saludo inicial y ocupa el lugar y la función del acto penitencial del comienzo de la misa.

Bendición del agua
El sacerdote invita al pueblo a la plegaria, con estas palabras u otras similares:
Queridos hermanos: En este domingo en el que, unidos a todos los cristianos del mundo, recordamos
llenos de gozo la resurrección del Señor, vamos a iniciar nuestra celebración evocando cómo Dios, por
medio del bautismo, nos injertó simbólicamente en la muerte y resurrección de su Hijo y, con ello, nos
otorgó el perdón de todos nuestros pecados. Pidamos, pues, al Señor que el agua que vamos a bendecir
y derramar sobre nosotros reavive nuestro bautismo y el perdón que en aquel día se nos otorgó.
Después de una breve oración en silencio, el sacerdote prosigue, diciendo:
Oh Dios, creador de todas las cosas,
que por el agua y el Espíritu
diste forma y figura al hombre y al universo.

R/. Bendice y purifica a tu Iglesia.
O bien:
R/. Bendito seas por siempre, Señor.
Oh Cristo, que de tu costado abierto en la cruz,
hiciste manar los sacramentos de salvación.
R/. Bendice y purifica a tu Iglesia.
O bien:
R/. Bendito seas por siempre, Señor.
Oh Espíritu Santo, que del seno bautismal de la Iglesia
nos haces renacer como nuevas criaturas.
R/. Bendice y purifica a tu Iglesia.
O bien:
R/. Bendito seas por siempre, Señor.
Oh Dios, que en el domingo,
día memorial de la resurrección,
reúnes a la Iglesia,
esposa y cuerpo de Cristo;
bendice a tu pueblo
y, por medio de esta agua,
reaviva en todos nosotros
el recuerdo y la gracia del bautismo,
nuestra primera Pascua.
Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.
Aspersión
Terminada la bendición, el sacerdote toma el hisopo, se rocía a sí mismo y, luego, rocía a los ministros, al clero y a los
fieles. Si le parece conveniente, puede recorrer la iglesia para la aspersión de los fieles.
Mientras tanto, se canta un canto apropiado.
Una vez acabado el canto, el sacerdote, de pie y de cara al pueblo, con las manos juntas, dice:
Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado
y, por la celebración de esta eucaristía,
nos haga dignos de participar
del banquete de su reino. R/. Amén.
A continuación, se dice o se canta Gloria a Dios.

MONICIÓN A LAS LECTURAS:
Estamos terminando las semanas del año litúrgico y las lecturas nos van orientando hacia el final de la
historia del mundo y la vuelta gloriosa del Resucitado. El libro de la Sabiduría nos invita a buscar,
encontrar y a poseer la auténtica sabiduría. Hoy, con la parábola de las doncellas, se nos invita a
prepararnos para entrar en el banquete eterno. Jesús nos dice: «velad, porque no sabéis el día ni la
hora». Pablo presenta una catequesis sobre la suerte de los difuntos y los acontecimientos del fin del
mundo.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Presentemos ahora nuestra oración confiada a Dios Padre, pidiéndole que nos haga cada vez más fieles
a su amor, siguiendo el camino de su Hijo Jesucristo.
1. Por nuestra Iglesia Diocesana, obispo, sacerdotes, consagrados y seglares, para que cada día
crezcamos en comunión con el Señor, en fidelidad a nuestra respectiva vocación, en unidad y
comunión fraterna, en compromiso apostólico y evangelizador, en cercanía y servicio a los
pobres y a los que sufren. Roguemos al Señor.
2. Por las autoridades civiles, para que actúen siempre con prudencia y sabiduría, velando siempre
por el bien de la sociedad. Roguemos al Señor.
3. Por los pobres, por los que no pueden participar de los bienes que Dios ha querido que fueran
para todos. Roguemos al Señor.
4. Por todos los que participamos en esta celebración, que hemos recibido el don de la fe y
celebramos a Jesucristo, para que seamos testigos del amor de Dios en nuestra vida. Roguemos
al Señor.
Oh Dios, cuya sabiduría va en busca de aquellos que escuchan tu voz; escucha nuestras peticiones y
haznos dignos de participar en tu banquete; alimenta el aceite de nuestras lámparas para que no se
apaguen en la espera, para que cuando Cristo venga, estemos prontos a salir a su encuentro para entrar
en Él en la fiesta nupcial. Por Jesucristo nuestro Señor.

MONICIÓN FINAL
Al concluir nuestra celebración debemos preguntarnos todos hoy: ¿cuánto amo a la Iglesia? ¿Rezo por
ella? ¿Me siento parte de la familia de la Iglesia? ¿Qué hago para que sea una comunidad donde cada
uno se sienta acogido y comprendido, sienta la misericordia y el amor de Dios que renueva la vida?
La fe es un don y un acto que nos incumbe personalmente, pero Dios nos llama a vivir juntos nuestra
fe, como familia, como Iglesia. Pidamos al Señor, de manera especial en esta Jornada de la Iglesia
Diocesana, que nuestras comunidades, toda la Iglesia, sean cada vez más verdaderas familias que viven
y llevan el calor de Dios.

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